Les quiero compartir este pequeño pensamiento. - LibertadHumana
EL COSTO DE “NO VER”
Educación Trascendente # 475
Septiembre 13, 2009
Manuel Rodríguez Salazar
Esta semana asistí a una conferencia impartida por Juan Mateo en el congreso de R.H.. Juan preguntó: ¿quienes son amantes entusiastas de la ópera? Entre cientos de asistentes sólo una persona levantó la mano. Después de esa esperada respuesta invitó al estrado a una excelente soprano que nos deleitó con un aria maravillosa de Haendel. Al concluirla Juan dijo: “la diferencia está en el conocimiento; en comprender”. Ciertamente, si no conocemos sobre algo podemos no darle importancia y hasta despreciarlo. Siendo una charla para quienes dirigen capital humano, fue evidente que, cuando los colaboradores de una compañía no comprenden el impacto cabal de sus funciones, pueden no estar enamorados de lo que hacen y, por ende, lograr resultados menores a los posibles. Me quedé rumiando la frase de Juan Mateo porque es aplicable a un sinfín de situaciones, experiencias y asuntos. Concluí que, en múltiples aspectos, “no vemos” y que no comprender tiene un costo elevado. Por ejemplo,
¿Hacia dónde o hacia qué enfocamos nuestros pensamientos y emociones?
Los pensamientos y emociones producen un resultado congruente con sus vibraciones. Sin embargo, me parece, la mayoría no nos damos cuenta, no sabemos, no estamos conscientes, no vemos las consecuencias a que damos lugar con nuestros pensamientos y emociones (o no los controlamos, aún sabiendo que no acarrean nada bueno). A nivel individual, quien se mantiene preocupado, desanimado o desesperado influye negativamente su destino; se perjudica a sí mismo. El efecto opuesto, el positivo, beneficia a quien está “echado para adelante”, lleno de entusiasmo y de pasión con un propósito, idea o sueño. (Por eso somos los arquitectos de nuestro propio destino).
A nivel grupal – familia, empresa, país, universo – los pensamientos y emociones de sus miembros producen consecuencias acordes con sus “aportaciones” positivas / negativas. Si predominan “malas vibras” se obtendrán malos resultados y viceversa. He leído y escuchado de grupos de personas que oran o meditan para un propósito, como la disminución de la violencia en alguna ciudad, con resultados muy favorables.
Afortunadamente están aumentando las “corrientes” enfocadas a influir para que nuestro mundo funcione mejor. No me hacen falta evidencias, para inclinarme decididamente por ese tipo de “movimientos”. Me consta que en una familia o empresa los pensamientos, emociones y sentimientos que “emanan” de sus integrantes producen resultados en función de la “suma algebraica” (positivos – negativos) de los mismos. Por esa razón, de vez en cuando he pensado que sería conveniente que en las organizaciones existiera un responsable – un “activista”, en el sentido estricto de la palabra – a cargo de despertar y mantener buenas vibraciones entre todo el personal. Es lo que hacen algunos líderes excepcionales, profundamente inspiradores, que despiertan en sus colaboradores actitud de dueño (la defino como la disposición a hacer lo que haga falta y se necesite), un intenso sentido de pertenencia y entrega total a su empresa. Son líderes (cada vez más escasos) capaces de transformar a personas “comunes y corrientes” en gigantes. En más de 5 décadas en múltiples organizaciones sólo he conocido a dos de esos líderes extraordinarios, Don Antonio Ariza Cañadilla, “constructor” y presidente de Pedro Domecq México (q.e.p.d.) y Werner Erhard, el vanguardista en desarrollo humano del siglo XX (más de un millón de participantes pasamos por sus programas) y creador de movimientos a favor de un mundo mejor para todos (Hunger Proyect, Breakthrough Foundation, Education Network).
Este tema me recordó la época filosófica conocida como Ilustración. Los filósofos involucrados en esa etapa de la Filosofía (mi interpretación) visualizaban una nueva era para la humanidad, basada en la “emancipación” del hombre al utilizar su capacidad para pensar y, de ahí, evolucionar su educación (debería revitalizarse esa visión, pues potenciar la educación es más necesario hoy que en cualquier época pasada). Immanuel Kant, filósofo alemán prominente, escribió: ¡Sapere aude!, ¡ten valor de servirte de tu propio entendimiento! Creía que la ilustración era la salida del hombre de su minoría de edad. La minoría de edad la veía como la incapacidad de servirse del propio entendimiento, sin la dirección de otro, por pereza y cobardía. En su “Respuesta a la Ilustración” escribió:
“¡Es tan cómodo ser menor de edad! Si tengo un libro que piensa por mí, un sacerdote que reemplaza mi conciencia moral, un médico que juzga acerca de mi dieta, y así sucesivamente, no necesitaré del propio esfuerzo. Con sólo poder pagar, no tengo necesidad de pensar: otro tomará mí puesto en tan fastidiosa tarea. Como la mayoría de los hombres tienen por muy peligroso el paso a la mayoría de edad, fuera de ser penoso, aquellos tutores ya se han cuidado muy amablemente de tomar sobre sí semejante superintendencia... Por eso, sólo son pocos los que, por esfuerzo del propio espíritu, logran salir de la minoría de edad y andar, sin embargo, con seguro paso… Ellos, después de haber rechazado el yugo de la minoría de edad, ensancharán el espíritu de una estimación racional del propio valor y de la vocación que todo hombre tiene: la de pensar por sí mismo… Todavía falta mucho para que la totalidad de los hombres, en su actual condición, sean capaces o estén en posición de servirse bien y con seguridad del propio entendimiento, sin acudir a extraña conducción… el sentir ilustración impregnará progresivamente tanto la libertad de actuar del mismo, como el legislar del gobierno... Todo ello, conducirá a una auténtica época ilustrada en donde el hombre ya será tratado, no como una máquina, sino conforme a su dignidad…”
Creo que puede ser valioso reflexionar sobre qué cosas no comprendemos, no vemos, y el costo que nos ha representado, o que puede tener en el futuro. Viendo hacia atrás sé que tuve momentos de soberbia en los que menosprecié a personas menos afortunadas que yo. También por soberbia esperé, en momentos, trato especial. No estuve consciente, cuando niño / joven, del esfuerzo, lucha y sacrificio que hizo mi madre por sus hijos…
De vez en cuando reflexiono sobre qué pensaré cuando esté muy cerca del final, en el supuesto que me dé cuenta de ese momento. Probablemente me diré:
Ø Fue un error preocuparme, pues siempre tuve evidencias de cuánto me cuidó Dios.
Ø Debí haberme reído mucho más y desarrollar intensamente el buen humor.
Ø No me usé completo. Tampoco me esforcé todo lo que pude para servir …
¡¡¡ feliz semana !!!
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